domingo, 22 de abril de 2012

Confieso que nunca he tenido pinta de ser la típica princesa de cuento. Nunca he aspirado a convertirme en una pierde zapatos, jamás he pensado en dormir cien años, y aunque nunca he creído apropiado entregar mi voz a nadie, he regalado todas y cada una de mis palabras. Nunca me he visto capaz de luchar por alguien, ni de evitar enamorarme de un inmaduro Peter Pan que no quiere crecer. Pero yo sí he creído tener envenenado cada poro de mi cuerpo, y he esperado un beso que no llegó jamás cada noche al acostarme. Confieso que nunca me he sabido las coordenadas que tiene un corazón para buscarlo, y no perderme mientras le pierdo yo a él. Tampoco he aspirado a convertirme en algo más que la antiheroina de mi propia historia. No nací para perder cosas, y aún así, parece que me paso la vida buscándolas. Confieso que nunca pensé que llegaría a estar aquí, esperando a que aparezca mi hada madrina con un par de converse desgastadas, que los cristales se me rompen, o mejor aún, dejando que el teléfono suene encima de la mesa porque a mi Peter Pan, le ha dado por hacerse mayor.

2 comentarios:

  1. Pero que grande Marta! no sabía que tuvieras blogs y eso :o

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  2. Si, tengo blog jajaja ahora ya lo sabes :)

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